
Es muy común hoy en día escuchar como diversas figuras relevantes, que gozan de prestigio en el ámbito de la espiritualidad cristiana, usan los términos Oración y meditación de forma indistinta, como si fueran intercambiables y significasen lo mismo.
Además, siguiendo las tésis de la filosofía perenne, que estipula que todas las religiones son distintas traducciones de una verdad fundamental y que por lo tanto todas ellas llevan a Dios, se suele decir que para avanzar en el camino espiritual hay que «desprenderse» de la «forma» (rupa / namarupa) o trascenderla, identificando ese trascender la forma con desapegarse de las distintas creencias o dogmas que conforman el corpus de las distintas religiones. De esta manera, desde una aparente tolerancia, se mira con condescendencia a los Cristianos que se apegan a los dogmas del cristianismo o que no son tan abiertos a la hora de aceptar las enseñanzas de otras religiones y se considera que están menos «avanzados» en el camino espiritual.
Es común escuchar frases del tipo: «Para ser espiritual hay que ser interreligioso».. Sin embargo, ninguno de los grandes místicos cristianos como San Juan de La Cruz, Santa Teresa o los Padres Filocálicos fueron jamás interreligiosos ni aceptaron nada de religiones extranjeras y llegaron a las mas altas cumbres de la espiritualidad, ya que es perfectamente posible consagrarse a Dios de todo corazón y llegar a amar a Dios sobre todas las cosas, en el camino único de la Fe cristiana. Tampoco encontramos en estos místicos ese «desprendimiento» del dogma o corpus de creencias de la Fe Cristiana, si no, mas bien, una confirmación experiencial, por parte del Espíritu Santo, de ese mismo corpus de creencias. (Vease por ejemplo llama de amor viva de San Juan de la Cruz o las moradas de Santa Teresa).
Volvamos al asunto en cuestión de las diferencias entre meditación y oración contemplativa.
Procurando analizar el asunto dejando a un lado los prejuicios y preferencias personales veo una diferencia fundamental entre ambas prácticas:
La meditación no trabaja con el concepto «Dios». En la práctica de la meditación no nos ponemos ante Dios en una relación Yo – Tu. La meditación consiste en centrar la atención en algún objeto real o imaginado o bien en no centrarla en nada en particular y permanecer sin preferencias en una total aceptación de lo que venga como en el caso del Zazen pero la meditación no trabaja con el concepto «Dios» ni se pone en presencia de Dios en una relación «Yo – Tu».
En la oración contemplativa, por el contrario, el núcleo fundamental es la conciencia de la presencia de Dios. Nos recojemos con Dios conscientes de su presencia en una relación «Yo – tu». En las últimas etapas de la vida espiritual, esa relación dual «Yo – Tu» acaba produciendo frutos de unidad en los que las fronteras entre Dios y la criatura se difuminan. En cualquier caso, la oración contemplativa siempre parte desde esa relación «Yo – tu» con Dios.
En el caso de la oración de Jesús, esta puede adoptar varias formas acercandose mas a la meditación o a la oración. Podemos repetir la frase sin ninguna conciencia de la presencia de Dios, sin considerar que Dios nos está escuchando, solamente centrando la atención en la pronunciación interior de las palabras de la frase como si se tratara de un mantra o podemos practicarla más como en la forma de una oración, dirigiéndole las palabras de la oración a Jesucristo, conscientes de que está con nosotros escuchándonos y bendiciéndonos.
Es cierto que, en esta ultima forma de practicar la oración, durante la práctica de la oración de Jesús, la conciencia de la presencia de Jesús puede pasar a un segundo plano y puede haber fases en las que la atención se concentre en el tejido de la realidad en medio del silencio entre frase y frase. Sin embargo, aun en esas fases en que la conciencia de la presencia de Jesús pasa como a un segundo plano, la oración se enmarca en un contexto global orante en el que se es consciente de que estamos con Jesús, de que Jesús nos está escuchando y de que nos está bendiciendo.
Personalmente, por mi propia experiencia personal, a pesar de que reconozco que existe verdad en otras religiones como el budismo o el hinduísmo me resulta dificil concebir un camino espiritual en el que el concepto Dios como un «Tu» esté ausente, ya que la parte más importante y la que tiene mas peso en mi vida espiritual es la relación «Yo – tu» con mi Señor Jesucristo.
Personalmente me inclino a la concepción mas clásica que diferencia entre mística natural (accesible mediante la meditación) y mística sobrenatural (solo accesible en el Espíritu Santo solo por la Fe en Jesucristo) aunque es cierto que ciertas descripciones de estados Místicos de espirituales de otras religiones son semejantes a los descritos por Místicos cristianos en su descripción de frutos de unidad con Dios, sobre todo en sectores de otras religiones en los que si que se trata a Dios como un Tu y por lo tanto se le ora, como en la vía del Batkhi Yoga.
Sin embargo, incluso en estos casos mas semejantes, me parece aventurado asegurar que ámbos caminos llevan al mismo lugar. Mucho mas en el caso de la meditación que no trabaja con el concepto «Dios» en una relación Yo – Tu.
Puede alegarse que en ese concepto TU de Dios hay mucho de prejuicio, de ideas preformadas del concepto de Dios de la misma manera que cuando recordamos a alguien, ese recuerdo tiene algo de irreal y que, sin embargo, la meditación, al centrarse en lo «real» a través de la percepción en el aquí y en el ahora permanece libre de ideas ilusorias y prejuicios y accede directamente a lo real, Dios. Sin embargo, no menos cierto es que todos los grandes místicos cristianos siguieron este camino de la relación Yo – Tu en la oración y que Dios utiliza ese camino para finalmente revelarse y unirse al alma dando frutos de unidad en los que ya no hay mas Yo – Tu sino que Dios es todo en todo. 1 Corintios 15:28.
En definitiva, considero que meditación y oración contemplativa no son lo mismo. Y si llevan al mismo camino o no, no puedo estar seguro porque no tengo la experiencia, pero me parece que, habiendo una diferencia tan fundamental entre ambos caminos, se incurre en demasiado atrevimiento cuando se afirma categóricamente que sí. Yo, como he dicho anteriormente, me inclino a que no llevan al mismo lugar porque Nuestro Señor Jesucristo afirmó que solo ÉL es el camino que lleva al Padre y en las escrituras queda claro que no se recibe el Espíritu Santo sino por la Fe en nuestro Señor Jesucristo.
Otra visión, de la que me siento mas cercano, es la de considerar que la obra de Jesucristo, de carácter central y eterno, abrió el camino al cielo en todas las culturas y religiones, antes y después de su nacimiento, y que gracias a su sacrificio es posible acercarse a Dios desde cualquier religión aun desde la inconsciencia y desconocimiento de la persona de Jesús. El problema entonces es la gran importancia que se le da a la Fe en la persona de Jesús de Nazaret en las escrituras, que indican que solo Él es el camino y el único que puede bautizar en el Espíritu Santo, además de la gran diferencia que hay entre las religiones que tienen el concepto de Dios y practican una relación «Yo – tu» con ÉL y las que no.
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