EL segundo artículo es creer en Jesucristo, único Hijo de Dios, Señor nuestro: y aquí comienza la segunda parte del Credo. En este segundo artículo confesamos que puesto que Dios sea uno y de una substancia y ser, es trino en personas. Quiero decir que hay una naturaleza divina, la cual con un mismo ser y un poder y un amor y querer está en tres personas, y que éstas no son más de un Dios, porque no tienen más de un ser y un poder y una voluntad. Y para ser muchos dioses, había de tener cada uno su ser y su poder separado de los otros, como vemos que es en los hombres y en todas las otras cosas. Y porque esto ni es ni puede ser en la Santísima Trinidad , no es más de un Dios, puesto que sean tres las personas, ni hay otra diferencia entre ellas sino que la una es Padre porque engendra eternalmente su Hijo, y la otra es Hijo porque es eternalmente engendrada por una manera muy excelente que trasciende nuestro entendimiento, y la otra es Espíritu Sancto porque procede de las dos primeras Padre y Hijo, también por una manera inefable. De la cual también tenemos en el Credo su artículo distinto, donde se cumple del todo la confesión deste misterio. Esto basta que el verdadero cristiano entienda deste misterio de la Santísima Trinidad, y en lo demás lo adore y acate dentro de su corazón, sin que su entendimiento se desmande á volar sin alas á lugar que está tan alto, que más es para causar religión, acatamiento y espanto, que para despertar curiosidad.
Y hablando más en particular de la persona del Hijo (de quien trata la primera parte deste artículo) digo que por él confesamos que el Padre eterno, que es la primera persona en la Trinidad, tiene un Hijo también eterno y igual con Él, engendrado de su substancia, y engendrado por vía de entendimiento conociéndose el Padre á sí mismo, donde se produce aquella noticia y imagen suya que es de infinita perfección y bondad, la cual es su Hijo. El cual se dice Hijo único de Dios á diferencia de los otros hombres sanctos, los cuales también se llaman y son hijos de Dios, como arriba dijimos: pero éstos son prohijados por pura liberalidad y gracia de Dios Padre y por el beneficio de aquel hijo único Jesucristo. Mas este Jesucristo es natural hijo de Dios, solo engendrado de su Padre eternalmente, solo consubstancial, solo igual al Padre, solo coeterno, resplandor de la gloria del Padre, imagen viva de su substancia, que todas las cosas sustenta y rige con la palabra de su virtad, á quien constituyó el Padre por heredero de todas las cosas, por quien hizo el mundo, de quien y en quien siempre tuvo contentamiento, como enseñan los sanctos Apóstoles y Evangelistas. Este Hijo por otro nombre se llama Verbo ó palabra del Padre, y llámase también imagen suya, cada uno de los cuales nombres representa alguna cosa desta divina generación. Porque Hijo se llama para dar á entender que es de la substancia del Padre, y así es Dios como el mismo Padre. Y llámase palabra, para dar á entender que esta generación, aunque es substancial, no es material sino espiritual, porque es por vía de entendimiento, como ya dijimos. Y llama imagen y figura de su substancia, porque representa todo lo que hay en la substancia del Padre, así como contiene todo lo que hay en ella. Porque así como la imagen impresa en la cera con un sello, tiene todo lo que tiene el mismo sello, excepto que la imagen procede del sello, mas no el sello de la imagen, así todo lo que hay en el Hijo, hay en el Padre, excepto que el Hijo procede del Padre, mas no el Padre del Hijo.
Éste es en suma el misterio inefable de la Santísima Trinidad, el cual no es mucho que no pueda ser comprehendido con nuestro entendimiento: porque si muchas de las obras de Dios no podemos comprehcnder, ¿cómo podremos comprehender al mismo Dios? Antes la mayor gloria que le podemos dar, es confesar que Él es tan grande, que de grande, es incomprehensible, inefable, infinito y inmenso Porque tal conviene que sea el verdadero Dios, y tal conviene que sea su grandeza. Y por esto guárdese el hombre de querer escudriñar ó inquirir de qué manera tres personas puedan ser un solo Dios, y un mismo y solo Dios sea tres personas. Bástenos que la Escritura divina así nos lo enseña: contentémonos con su autoridad y no curemos de investigar curiosamente lo que sobrepuja á nuestra capacidad, acordándonos de lo que está escrito en los Proverbios ,1) : El escudriñador de la Majestad será oprimido de su gloria. Y lo que el Eclesiástico escribe: No busques las cosas mayores que tú, ni escudriñes las cosas que sobrepujan á tus fuerzas, porque muchos cayeron poniendo los ojos en ellas, y ocupó la vanidad sus sentidos. Mas así en este lugar como en otros muchos secretos que no podemos comprehender, levantemos todos la voz con el apóstoles y digamos: ¡Oh alteza de las riquezas de la sabiduría y sciencia de Dios, cuan incomprensibles son sus juicios, y cuan escondidos sus caminos!
Ésta es la primera parte deste segando artículo que trata de la divinidad del Hijo. La segunda comienza á tratar del misterio de la humanidad, cuando dice : Creo en Jesucristo , único Señor nuestro. En las cuales palabras confesamos que el Padre celestial, con acuerdo y eterno consejo, envió al Hijo á que haciéndose verdadero hombrey compañero de los hombres, los sacase y libra se del yugo y sujeción del demonio, les alcanzase perdón y paz de su Padre, fuese su capitán, su rey y su señor, para que con su favor puedan ser defendidos del pecado y tener fuerzas y aliento para servir á su rey y obedecer á sus leyes y mandamientos. Y por esta causa le atribuímos estos nombres, scilicet, Jesucristo y Señor nuestro. Porque Jesú quiere decir Salvador, y el Padre eterno quiso que tuviese este nombre, y mandó por el Ángel que le llamasen Jesús porque Él había de salvar los hombres del cautiverio y miseria del pecado, y tornarlos á la gracia de su Padre y á los bienes y herencia del cielo. Cristo quiere decir ungido, que vale tanto como rey, porque antiguamente cuando á uno hacían rey, lo ungían, como agora lo coronan. Y Él de verdad es nuestro rey (de quien está escrito que reinará en la casa de Jacob para siempre, que es en la Iglesia cristiana) porque ejercita para con nosotros perfectísimamente oficio de rey. Porque el oficio de buen rey es ser cabeza de todo su reino , amar á sus vasallos, regirlos, defenderlos, cumplirlos de justicia, favorecerlos en sus trabajos, socorrerlos en sus peligros, pelear y poner la vida por ellos, librarlos de sus enemigos, y ordenar á sí y á todas sus cosas por el bien dellos, y no descansar hasta llevarlos á su debido fin. Éste es el oficio y éstas las propriedades y condiciones del buen rey, las cuales en ningún otro se hallaron jamás tan perfectamente como en la persona de nuestro Salvador para con nosotros Porque Él nos ama, nos rige, nos defiende, nos favorece y ampara de nuestros enemigos, que son el pecado, el demonio, la carne, la muerte y el infierno, tanto que por nos defender dellos, no rehusó la muerte, ni la cruz, ni ser tenido por pecador, ni bajar á los infiernos. Y por esta misma causa se llama Señor nuestro, porque aunque sea señor de todo lo criado y de todos los reyes y monarcas del mundo, con todo particularmente se llama nuestro, porque nos rescató y compró, no por oro ni por plata ó piedras preciosas, sino por su misma sangre: por el cual título somos mucho más suyos que el esclavo comprado y rescatado por dinero es de su señor.
Estos tres nombres le competen por razón de la sacratísima humanidad que por nosotros tomó, que es uno de los principales artículos y misterios de nuestra fe, la cual confiesa en la persona del Hijo de Dios dos naturalezas y dos generaciones, una eterna y otra temporal, la una en que eternalmente antes de todo tiempo fué engendrado del Padre, y la otra en que temporalmente nasció de su madre. Por la una de las cuales le llamamos Dios verdadero, y por la otra hombre verdadero. Cómo y por qué quiso Dios engendrar este su único Hijo antes de todo tiempo, no es nuestro preguntarlo, ni podemos entenderlo: excede toda nuestra capacidad y ingenio, Pero por qué el mismo Hijo de Dios se hizo hijo de hombre, quiero decir, tomó la naturaleza de hombre, preguntémoslo y sepámoslo, porque en saberlo está todo nuestro bien, y no pecaremos en inquirirlo religiosa y húmilmente. La causa pues deste tan grande misterio fué porque por el pecado y quebrantamiento de la ley de nuestros primeros padres, cayera tanto la generación humana en poder del pecado, y en la tiranía de Satanás, y en la muerte eterna, que ningún hombre por ninguna vía se libraba desta sujección, por justo y sancto que fuese, ni podía librar á otros, mas cada día iban los hombres de mal en peor. Y puesto que nuestro todopoderoso Dios y Señor con muy grande razón y derecho estaba muy airado contra los desobedientes, con todo como padre benignísimo en medio de su saña se acordó de su misericordia y no quiso que pereciesen para siempre aquéllos que Él criara á su imagen y semejanza. Y por esto desde el principio y en todas las edades dio á los hombres esperanza de mandarles quien los librase, como en el Génesis, cuando Dios dijo á la serpiente que el hijo de la mujer le quebraría la cabeza: y cuando prometió Dios á Abraham que en su generación habían de ser benditas todas las naciones de la tierra y cuando por boca de Moisés prometió enviarles salvador nascido del pueblo délos judíos: y cuando por mil profetas y en mil lugares prometió que del linaje de David, y abiertamente que de virgen había de nascer. Pues llegándose ya el cumplimiento del tiempo, el cumplimiento digo del tiempo de hacer misericordia, envió Dios su Hijo unigénito á este mundo para que recibiendo verdadera humanidad el mismo que era Dios, obrase la redempción de todos los hombres, esto es, levantase á los caídos, recogiese á los perdidos, diese vida á los muertos. Y si alguien se maravillare porque para esto no envió el Padre celestial alguno de sus ángeles, sino el Hijo de sus entrañas, y porque quiso que su Hijo Dios se hiciese hombre de nuestra substancia, participante de nuestra miseria, quien desto se maravillare, oiga brevemente la causa que lo movió, muy clara y muy verdadera. Convenía enviar quien fuese medianero entre Dios airado y los hombres culpados y merecedores de grande castigo. Pues para que la intercesión deste tercero fuese con Dios más eficaz y con los hombres más ferviente, convenía que este medianero fuese de ambas naturalezas, divina y humana. Á esta causa también se llega otra, que ninguno puede perdonar los pecados sino solo Dios, y ninguno había de satisfacer por ellos sino hombre. Porque el pecado como sea de ofensa infinita, ninguno lo podía quitar sino quien tuviese poder infinito: y pues hombre era el que había pecado , hombre convenía que por el pecado satisficiese. Por estas causas el Hijo de Dios se hizo hijo de hombre, para que desta manera pagase asimismo por entero la deuda del hombre, y en Él no tuviese qué acusar Satanás.
Fray Luis De Granada
